One body, one life

Impacto de la actividad física en nuestra salud

Nuestra sociedad se ha vuelto altamente tecnológica y con ello nos hemos vuelto sedentarios. Este cambio radical e irreversible ha comenzado en los años 70 y no tiene vuelta atrás. Veamos el impacto que tiene sobre nuestra salud, la falta de actividad física.

El impacto que tiene sobre nuestra salud, la falta de actividad física:

La sociedad tecnológica e industrializada en la que vivimos la mayoría de ciudadanos tiene graves contras. Que afectan de forma directa a nuestra calidad de vida. Las costumbres y formas de ocio que más se asocian con nuestros estilos de vida acarrean graves repercusiones. Que se han relacionado con la propagación de numerosas enfermedades. Por ejemplo la obesidad, hipertensión, diabetes, hiperlipidemia, estrés, enfermedades cardiovasculares, cáncer, osteoporosis, etc.

Sedentarismo, factor de riesgo:

Uno de los factores de riesgo que más se relaciona con estas enfermedades y en la que más podemos incidir es el sedentarismo(Casimiro, A. Delgado, M. Áquila, C. 2005).

Para paliar esta inactividad, numerosas personas se suman al carro de la actividad física y el ejercicio, pero…

¿es lo mismo actividad física que ejercicio?, ¿afecta de igual forma a nuestra salud una cosa y otra?, ¿qué es lo que más me conviene?

A lo largo de este artículo se clarificará ambos conceptos. Así como el potencial que pueden tener de cara a mejorar nuestra salud.

Frecuentemente utilizamos los conceptos “actividad física” y “ejercicio físico” como sinónimos en cuanto a su significado. Cuando realmente, aunque tienen mucho que ver, presentan diferencias, sobre todo, en cuanto a su voluntariedad.

Ejercicio físico vs actividad física:

El ejercicio físico representa todas aquellas acciones realizadas mediante contracciones musculares. Que se enmarcan dentro de un sistema de planificación, estructuración y repetición sistemática con el fin de obtener beneficios generales y específicos relacionados con la salud. (Caspersen, 1985. Citado en Devís, 2001). Aquí se engloban actividades relacionadas con el entrenamiento. Por ejemplo salir a correr o andar uno o varios días, ir al gimnasio, entrenar con nuestro equipo, etc.

actividad fisica sedentarismo andar saludPor otro lado, la actividad física se refiere solamente a movimientos corporales intencionados. Que se realizan mediante contracciones musculares que conllevan un gasto energético y una interacción con los seres y el ambiente que nos rodea, aumentando nuestra experiencia personal. (Devís, 2000. Citado en Devís, 2001). Aquí se engloban actividades de la vida diaria no planificadas relacionadas con nuestro trabajo, el ocio, tareas diarias y hábitos de vida en general. Como andar  una o dos manzanas hasta la parada de metro, subir las escaleras o coger ascensor en nuestro trabajo o casa, correr para no perder el bus, levantarse a por agua, etc.

Diferencias:

Por tanto, la principal diferencia entre ambos conceptos es la planificación y espontaneidad de las tareas.

A nivel científico, ha habido un gran estudio de ambos tipos de actividades y se han desarrollado y obtenido grandes resultados en los dos apartados. Sin embargo, en el día a día de los entrenadores, se suele centrar la atención en los tipos de ejercicios, estructura de la sesión, distintas intensidades y demás parámetros más propios del entrenamiento.

El motivo por el cual no se hace más incapié en las actividades físicas diarias es porque se cree que su papel es menos relevante en la consecución de objetivos.

En este punto hay que reflexionar sobre qué herramienta puede ser más útil en la obtención de los objetivos de una persona. Si el ejercicio físico, una actividad que la persona realizará como mucho durante una hora al día. O las actividades físicas de la vida diaria, actividades que la persona realizará durante la mayor parte del día.

Seguramente, la respuesta a esta reflexión sea que ambas herramientas poseen un gran potencial. Es por eso que los profesionales de la actividad física y del ejercicio debemos promulgar. Dándole el mismo valor a unas actividades como a otras.

De esta forma, algunas de las investigaciones científicas de las que previamente se hacía referencia, se han centrado solamente en el análisis de los efectos de la actividad física. A continuación, se resumen brevemente las conclusiones más llamativas.

 

Actividad física y obesidad

– Previene la obesidad y el aumento de peso (el 30% de los casos pueden prevenirse solamente mediante hábitos saludables).

– Reduce la grasa visceral y subcutánea sin modificar el balance energético en personas obesas, con sobrepeso y sanas.

– Cuanta mayor actividad física diaria la reducción de grasa visceral es mayor.

 

Actividad física y sensibilidad a la insulina

– Mejora la sensibilidad a la insulina tanto de forma inmediata como posteriormente, pero sus efectos son mayores si se realiza actividad física diariamente.

– Los efectos de la actividad física en relación a la sensibilidad a la insulina son mayores si, además, existe pérdida de grasa corporal.

– Aunque no se modifique la composición corporal, los cambios fisiológicos producidos a raíz de la actividad física diaria mejoran propiamente la sensibilidad a la insulina.

 

Actividad física y dislipidemia

– Reduce la concentración de triglicéridos en sangre y aumenta el colesterol HDL

– La modificación del balance triglicéricos-colesterol HDL se ha demostrado reducir el riesgo de tener una enfermedad cardiovascular.

– Los efectos son mayores con pérdida de grasa corporal.

 

Actividad física y presión sanguínea

– Se ha demostrado reducciones de la presión arterial  relacionadas con la actividad física diaria de baja intensidad.

– Las reducciones ocurren tanto en personas con valores normales como en personas con valores moderadamente altos.

– En personas con hipertensión, la reducción es mayor.

– La pérdida de peso parece no estar relacionada.

– Mejoras en la composición corporal, sensibilidad a la insulina, función endotelial refuerzan los cambios en la presión arterial.

 

Actividad física y síndrome metabólico

– Una persona que realiza menos de 1hora/semana de actividad física a media-alta intensidad tiene un 60% más de probabilidades de tener síndrome metabólico que na persona que realiza al menos 3horas/semana.

– Niveles más altos de capacidad cardiorrespiratoria y condición física se relacionan con menor riesgo de tener síndrome metabólico.

– Una persona sedentaria tiene un 50% más de riesgo de tener síndrome metabólico que si realizase 3 horas semanales de actividad física.

 

Proyectos recogidos en “Motivating People to be Physically Active”:

En este manual se recoge los datos obtenidos en diferentes programas de promoción de la salud desarrollados en Estados Unidos. Estos programas utilizaban diferentes estrategias. Para que los participantes aumentaran la actividad física diaria. Mejorando su salud gracias a los efectos de este aumento.

Los resultados que se obtuvieron en todos los proyectos fueron positivos. Además se asociaron grandes beneficios ligados al aumento de la actividad física diaria. (Marcus, B. Forsyth, L. 2003).

Puede observarse el gran potencial que puede llegar a tener per se la actividad física diaria y las tareas que realizamos en el día a día. De hecho, tal como afirman algunos destacados autores, la actividad física posee una amplitud y globalidad. Ya que es un concepto mucho más cercano a la salud y a estilos de vida saludables que el ejercicio. Debido a que se relaciona con hábitos que ayudan a una vida activa.

Entrenadores personales:

Esto no significa que solamente mediante las actividades físicas diarias podamos alcanzar todos los beneficios que nos aporta el ejercicio. Sin embargo, creo necesario que los profesionales del sector seamos conscientes de que el entrenamiento y la enseñanza en estilos de vida saludables no termina en la hora de entrenamiento que realizamos a nuestro alumno, si no que puede y debe ir más allá.

Por tanto, pequeños hábitos diarios pueden aportarnos mucho más de lo que nos pensamos. La mejora de la salud a través de la actividad física suele limitarse a programas de entrenamiento físico, dejando fuera todas las tareas físicas que pueden realizarse a lo largo del día y que, a la larga, puede aportarnos tantos beneficios como el ejercicio.

La clave está en incorporar hábitos saludables a nuestro día a día, de forma que aumentemos la cantidad de actividad física diaria.

Está claro que todo suma, y en el caso de nuestra salud, mucho más.

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Artículo escrito por Aitor Martín Merino:

Graduado en CCAFyD (Universidad de Valencia)

Diploma Universitario de Posgrado en Dirección de Actividades de Fitness (Universidad de Valencia)

Actualmente Máster en Entrenamiento Personal (Universidad Politécnica de Madrid)

 

 

 

Bibliografía

Devís, J. (2001). La educación física en el deporte  y la salud en el siglo XXI. Editorial Marfil.

Casimiro, A. Delgado, M. Áquila, C. (2005). Actividad física, educación y salud. Editorial Universidad de Almería.

Marcus, B. Forsyth, L (2003). Motivating people to be physically active. Editorial Human Kinetics.

Lakka, T. Laaksonen, D (2007). Physical activity in prevention and treatment of metabolic syndrome.  Applied Physiology, Nutrition and Metabolism.

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