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Enfermedad crónica: la consecuencia de una mala alimentación

¿Te has preguntado alguna vez si un cambio de hábitos alimentarios puede prevenir alguna enfermedad crónica?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una enfermedad crónica es aquella patología de larga duración y por lo general de progresión lenta. De hecho, algunas de ellas forman parte de las principales causas de mortalidad en el mundo, como las enfermedades cardíacas, el cáncer y la diabetes. ¿El motivo? Principalmente, el cambio de hábitos alimentarios de la sociedad actual hacia una vida cada vez más sedentaria y centrada en el consumo de alimentos procesados.

“En todas las enfermedades crónicas, la educación alimentaria juega un papel fundamental. Por lo que es importante conocer cuáles son estas patologías para después poner en práctica algunos consejos”, explica la Dietista-Nutricionista de Nuttralia, Ana Bilbao.

 

Enfermedades crónicas más comunes

Diabetes tipo 2

La diabetes es una enfermedad crónica en la que los niveles de glucosa (azúcar) de la sangre están muy altos. Esto es debido a que el cuerpo no produce insulina (diabetes tipo 1). O no usa la insulina de manera adecuada (diabetes tipo 2).

En una situación sin patología, la insulina, hormona secretada por el páncreas, ayuda a que la glucosa entre a las células para suministrarles energía. Sin embargo, en una diabetes tipo 2. La más común en personas con obesidad, las células no responden de manera correcta a dicha insulina (resistencia a la insulina). Y como resultado, el azúcar de la sangre no entra en las células.

El principal motivo de esta resistencia a la insulina es el aumento de la grasa corporal. Y más concretamente la grasa visceral. Actualmente, cada vez hay más personas con sobrepeso y obesidad que tienen este problema que dificulta al cuerpo el uso de la insulina de la manera correcta. Por tanto, los consejos nutricionales se centrarán en reducir la grasa visceral. Además de azúcares, mejorando los hábitos alimentarios. ¿Quieres saber más sobre los alimentos que deberían formar parte de la dieta de un diabético?. Te lo contamos en este post.

Hipercolesterolemia

El colesterol es una grasa que circula en la sangre y que interviene en muchos procesos del organismo. Fabricación de hormonas sexuales, digestión de las grasas, formación de ácidos biliares y parte fundamental de todas las membranas celulares. Se trata de una molécula de naturaleza animal, y por tanto se encuentra únicamente en alimentos de origen animal.

Es importante entender que el colesterol en sí no es perjudicial. Pero cuando lo tenemos en exceso en sangre, es decir, por hipercolesterolemia familiar o por hábitos no saludables. Se trata de una patología metabólica.

Recordemos que existen varios tipos, entre los que se encuentran el colesterol HDL (colesterol “bueno”).Y el colesterol LDL (colesterol “malo”). Este último, se puede bajar mediante una buena alimentación y unos buenos hábitos, como te proponemos con esta dieta para el colesterol.

El colesterol de nuestro cuerpo proviene del hígado (formación endógena). Y de todos aquellos alimentos de origen animal como carnes, pescados, huevos y lácteos (formación exógena) que consumamos. Las últimas investigaciones concluyen que la cantidad de colesterol de nuestra dieta no afecta tanto al colesterol sanguíneo. Sino la calidad de las grasas y la cantidad de azúcar que tomamos. Es aquí donde los dietistas-nutricionistas aconsejaremos y guiaremos para que los niveles de colesterol en sangre no sean superiores a 200mg/dl

Hipertensión arterial

La hipertensión arterial (HTA) consiste en un aumento de la presión arterial. Fuerza ejercida sobre la pared de las arterias a lo largo de nuestro organismo. Se considera una presión arterial normal cuando la presión arterial es alrededor de 120/80 mm Hg. E hipertensión cuando la presión arterial es de 140/90 mm Hg, la mayoría de las veces. Existen numerosas causas que predisponen a la hipertensión, entre ellos el sedentarismo, antecedentes familiares, la obesidad y un consumo excesivo de sal. Se trata de una enfermedad que es silenciosa ya que no presenta síntomas y es por ello que la prevención, entre ellos la mejora de los hábitos alimentarios, juega un papel importante.

Obesidad

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como la “Acumulación anormal o excesiva de grasa, en el tejido adiposo, que puede ser perjudicial para la salud”. Es considerada una patología crónica y, actualmente, una de las principales causas de muertes prematuras. Está estrechamente relacionada con todas las patologías que se comentan en este artículo, tales como la diabetes, la hipertensión y la hipercolesterolemia y otras como el cáncer y la hipertrigliceridemia (niveles de triglicéridos altos en sangre).

Se trata de una enfermedad prevenible y multifactorial. Es decir, no hay una única causa que aumente el riesgo de padecer obesidad, sino que existen multitud de causas que aproximan a una persona a incrementar de peso. Muchas de ellas relacionadas con los malos hábitos alimentarios y el impacto de la industria alimentaria. Por eso, con el fin de combatir el sobrepeso es imprescindible un trabajo en equipo. En el que el dietista-nutricionista proporcionará todas las herramientas necesarias para la reeducación alimentaria. Y con ello perder peso de manera progresiva y de forma saludable.

Hígado graso

Existe otra patología cada vez más prevalente y relacionada con el aumento de la grasa visceral. Es el hígado graso. El hígado cumple numerosas funciones en nuestro organismo, entre ellas el metabolismo de diferentes nutrientes (hidratos de carbono y grasas), metabolismo del alcohol, síntesis de proteínas y función detoxificante. Cuando se acumula mucha grasa alrededor del órgano este deja de funcionar correctamente derivando a largo plazo en cirrosis hepática. Que es el endurecimiento e incapacidad de funcionar del hígado. Existen unos indicadores de la función hepática, las transaminasas (GOT-AST y GPT-ALT). A través de las cuales podremos detectar posibles patologías en el hígado. Las personas que presentan el hígado graso, suelen tener otras patologías asociadas, siendo la más habitual la obesidad. Es por ello que el cambio de hábitos alimentarios será fundamental para disminuir la grasa visceral.

¿Y qué ocurre si una misma persona presentara varias de estas patologías crónicas a la vez?

El Síndrome Metabólico. “Se trata de un grupo de condiciones que ponen a la persona en riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular. Estas condiciones son las siguientes: presentar hipertensión arterial, Diabetes tipo II (resistencia a la insulina), hipertrigliceridemia, bajo colesterol HDL (el llamado colesterol bueno) bajo y exceso de grasa abdominal o central (obesidad abdominal, androide o en forma de manzana)”, expone la experta. Cada organismo establece diferentes valores numéricos que no varían mucho entre ellos y comparten la necesidad de llevar a cabo un tratamiento donde el cambio del estilo de vida se centre en la práctica de ejercicio físico y el cambio de hábitos alimentarios a lo largo del tiempo.

 

¿Quieres reducir al máximo tus probabilidades de tener una enfermedad crónica? Ponte en manos de un nutricionista que te hará una dieta sana y equilibrada:

Quiero comer sano

Artículo escrito por: Ana y Laura Bilbaonuttralia enfermedad

Graduadas en Nutrición Humana y Dietética

Fundadoras de Nuttralia junto a Laura Bilbao

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